ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE APRENDIZAJE EXPERIENCIAL
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Teambuilding & Outdoor Training en su punto crucial

La importancia de recuperar las bases metodológicas

La actividad de Teambuilding y el Outdoor Training enfrentan en la actualidad a un desafío trascendental...

 

el de re-posicionarse a partir de sus bases fundacionales y metodológicas con rigurosidad científica y en el marco de la ética profesional, para diferenciarse de las modas pasajeras y sin sustento.

El crecimiento vertiginoso del método experiencial

 

Desde los primeros trabajos de John Dewey, con la presentación de la filosofía experiencial en la primera mitad del siglo XX y la instrumentación metodológica de David Kolb a principios de los 70's, el aprendizaje experiencial ha ido creciendo en forma ininterrumpida a lo largo y a lo ancho de todo el mundo. Sin dudas las creaciones de Kurt Hahn como el outdoor training y el adventure based learning han impulsado sustancialmente este crecimiento; un crecimiento que se ha puesto de manifiesto tanto por su alcance territorial, como por la diversidad en sus aplicaciones -ámbito educativo, organizacional, deportivo y terapéutico

 

Sin embargo, este impresionante desarrollo a lo largo de más de seis décadas pareciera no haber sido acompañado en la misma medida, por efectivos procesos de formación y entrenamiento profesional en la disciplina. Hacia fines de la década de los 90’s el auge de las actividades outdoors y de los viajes de incentivo -especialmente para el segmento corporativo, generó que mucha gente buscando aprovechar “la moda” de ese momento, comenzara a ofrecer programas de capacitación al aire libre. En la mayoría de los casos, sin una formación en el método experiencial, espontáneamente intentaron adaptar sus marcos conceptuales y operativos al ámbito outdoors y de aventura.

 

Nadie hablaba del método experiencial

 

Tal era el desconocimiento del método experiencial que ni siquiera se lo tenía en cuenta para referirse a la actividad. En los usos y costumbres se instala como denominación común “el outdoors” o “el teambuilding” -en un caso el contexto donde se aplicaba el método y en el otro, solo uno de los objetivos con los que se trabajaba. Rara vez se hablaba de hacer un experiencial o un experiencial de aventuras. De esa manera, al quedar por fuera en lo discursivo, quedaba restringida su incorporación también en la práctica profesional. Cualquier persona con conocimientos de manejo de grupos, se animaba a salir de las salas y coordinar procesos de aprendizaje en el contexto outdoors. Por otra parte la falta de escuelas donde capacitarse, la falta de información y de estándares que midieran la competencia e idoneidad profesional, abría las puertas a la improvisación y en algunos casos al oportunismo. 

 

La mala praxis y sus efectos

 

No es sorpresa que los casos de mala praxis hayan comenzado a generar en los últimos años, ciertos reclamos por parte de los clientes corporativos. Para el caso de las actividades outdoors y de aventura, las altas inversiones parecían caer una y otra vez en sacos rotos. Estos reclamos abrían el cuestionamiento respecto a la capacidad del método para trascender lo meramente recreativo, para generar puentes entre la actividad propuesta y la realidad organizacional y para generar al final del día, aprendizajes y cambios significativos y perdurables en la gente -todos éstos, problemas que deberían vincularse a los procesos de facilitación y no al método en sí mismo. Naturalmente y como resultado del bajo retorno de las inversiones, muchos clientes han comenzado a optar entonces, por otras alternativas de capacitación y entrenamiento.

 

Esta realidad ha puesto a muchos profesionales que desean continuar responsablemente con esta especialidad, ante la necesidad de avalar sus prácticas a través de certificaciones que intenten respaldar su accionar. Lamentablemente, junto con una necesidad genuina y saludable, suelen aparecer quienes procuran sacar su provecho ofreciendo "certificaciones express"  que parecieran atender la coyuntura, pero que no contribuyen a resolver el problema de fondo. En la formación como facilitad@r en aprendizaje experiencial, como en otras especialidades, no existen los atajos. La competencia profesional no puede adquirirse en un taller de fin de semana, sino que se requiere de procesos formativos que aseguren la adecuada apropiación de los conocimientos y el desarrollo gradual de las aptitudes y actitudes coherentes con la filosofía del aprendizaje experiencial

 

 

Responsabilidades compartidas

 

Cabe mencionar que la responsabilidad del inmerecido desprestigio que ha comenzado a afectar a la actividad es compartida tanto por el sector de la oferta como por el sector vinculado a la demanda. Era frecuente ver hace unos años atrás, contingentes de 40, 100 y 200 personas viajando por un fin de semana, largas distancias a lugares remotos, buscando efectos motivacionales y transformacionales; contingentes que eran acompañados en muchos casos por solo un puñado de facilitadores para optimizar rindes económicos. Lejos están estos dispositivos, de los dispositivos de grupos pequeños que pregonaba John Dewey y de los 28 días de entrenamiento de los programas de outdoor training de Kurt Hahn en Aberdovey, Gales.

 

En gran medida el desconocimiento de las bases conceptuales y operativas del método -de sus alcances y ventajas comparativas, pero también de sus restricciones, sumado en ciertos casos a la falta a la ética profesional, no facilitaron el aprovechamiento del verdadero potencial de este poderoso recurso. Probablemente el dispositivo que se ha visto más afectado haya sido el dispositivo de aventuras, por demás, el que mayores ventajas ofrece cuando es utilizado apropiadamente.

 

Las oportunidades que arroja el futuro

 

En un escenario de alta complejidad como el que vivimos, donde el cambio se hace cada vez más vertiginoso en cualquiera de los ámbitos en el que nos detengamos a analizarlo, la necesidad de aprender de las propias experiencias se ha convertido en un requisito indispensable para la supervivencia; supervivencia de las familias que intentan perdurar en el tiempo, de los jóvenes que buscan insertarse en un mundo que parece no comprenderlos, de las escuelas e instituciones que necesitan encontrar su nuevo propósito, de las organizaciones y sociedades que luchan por adaptarse a un mundo cada vez más interconectado y en permanente ebullición,…

 

Por tanto, nunca ha sido más necesario un método que promueva un tipo de aprendizaje experiencial, un aprendizaje “en el camino”, situacional, sin recetas magistrales, ni verdades absolutas, un aprendizaje dinámico que cultive valores éticos y una actitud que abierta a la pregunta y la mirada crítica.

 

Para los que amamos esta profesión las oportunidades se abren en todas las direcciones, al igual que los desafíos que habremos de enfrentar para educar y re-educar a todos los actores involucrados, respecto de lo que realmente tenemos para ofrecer.