TENDENCIAS APEX 2026; IA Y OPORTUNIDADES QUE NADIE ESTA VIENDO
- Walter Lema -Presidente de la AIAE

- 28 jun
- 7 min de lectura
Actualizado: 29 jun
Por Walter Lema — Director de AIAE
Hace dos años, cuando la mayoría de los facilitadores todavía estaban decidiendo si ChatGPT era una moda pasajera, escribí que la inteligencia artificial iba a cambiar la forma en que diseñamos experiencias de aprendizaje. No me equivoqué. Pero lo que cambió no es exactamente lo que la mayoría esperaba.
El State of Facilitation 2025, la encuesta global más grande del sector corporativo de facilitación (1.050 facilitadores de 78 países, publicada por SessionLab), acaba de confirmar algo que vengo observando en mis más de 25 años de trabajo con grupos: la tecnología avanza, pero las habilidades que definen a un buen facilitador siguen siendo profundamente humanas.
Y esa misma conclusión aparece en campos muy distintos al corporativo: en la educación superior, en la terapia experiencial, en el deporte y — cada vez más — en el turismo. La tensión entre tecnología y factor humano no es exclusiva de las salas de reuniones. Es transversal.
El dato que nadie esperaba
Según el informe de SessionLab, el 75% de los facilitadores corporativos ya usa inteligencia artificial en su práctica. En solo un año, el uso de ChatGPT entre facilitadores pasó del 36% al 62%.
Pero cuando les preguntan cuáles son las habilidades más valiosas para facilitar, las tres primeras respuestas son:
Escucha activa (72,9%)
Adaptabilidad y flexibilidad (67,5%)
Saber hacer preguntas (56,7%)
Ninguna tiene que ver con tecnología. Todas tienen que ver con estar presente.
Esto no es nostalgia. Es un dato que cruza industrias. En un mundo donde la IA puede generar una agenda de taller en 30 segundos, lo que diferencia a un facilitador competente de uno excepcional es su capacidad de leer un grupo, hacer la pregunta correcta en el momento correcto, y adaptar el plan cuando la realidad se impone sobre la planificación.
Las sesiones se achicaron — pero no en todos lados
Otro hallazgo del informe de SessionLab que debería hacernos pensar: las sesiones facilitadas corporativas se están acortando. Antes de la pandemia, la sesión típica duraba medio día. Hoy, el estándar se movió a 90 minutos. Los clientes corporativos quieren más impacto en menos tiempo, muchas veces por restricciones de presupuesto.
Pero esta compresión de tiempo es un fenómeno principalmente corporativo. En otros contextos, la tendencia es la opuesta.
En educación, el informe de Deloitte sobre tendencias en educación superior 2026 señala que las universidades están integrando experiencias inmersivas más largas y profundas: proyectos con industrias reales, simulaciones extendidas, y programas que combinan semestres académicos con trabajo de campo. El 88% de las instituciones ya incorpora tecnologías inmersivas (AR/VR), pero no para acortar — para profundizar.
En terapia experiencial, los programas documentados por la Association for Experiential Education (AEE) incluyen expediciones multi-día, procesos terapéuticos sostenidos en el tiempo, y formatos que requieren justamente lo contrario de los 90 minutos corporativos: tiempo de proceso suficiente para que la experiencia transforme.
En el deporte, la preparación de equipos de alto rendimiento integra cada vez más metodologías experienciales para cohesión grupal, liderazgo y toma de decisiones bajo presión, con ciclos de trabajo que se extienden a lo largo de temporadas enteras.
¿Qué significa esto para quienes trabajamos con aprendizaje experiencial?
Que el contexto define el formato, no al revés. En el mundo corporativo, si el tiempo de proceso se achica, el nivel de expertise del facilitador debe ser el más alto posible. Un grupo que va a participar de una sesión de 90 minutos debe entrar a la experiencia ya trabajado. La pericia para efectuar diagnósticos y para crear dispositivos de relevamiento de datos y de facilitación previa a la experiencia se hace imprescindible. Del mismo modo, la capacidad para hacer lectura del acontecer grupal en tiempo real, durante el experiencial, resulta una condición absolutamente necesaria para que cada intervención genere el máximo impacto.
Ya no hay lugar para la improvisación, para profesionales que quieren generar APEX aplicando métodos y abordajes de otras disciplinas, ni para los programas enlatados. El facilitador debe tener la capacidad de intervenir con la precisión de un neurocirujano, adaptando cada diseño experiencial y cada acompañamiento pre y post experiencial a las problemáticas específicas de cada grupo y organización.
Pero en aplicaciones educativas, terapéuticas, deportivas o de turismo experiencial, la metodología APEX respira con más libertad. Los tiempos de proceso son más generosos, los ciclos de acompañamiento más largos, y la profundidad transformacional que se puede alcanzar es significativamente mayor. Es ahí donde el APEX despliega todo su potencial.
El turismo experiencial: el mercado que nadie está viendo
Si hay un sector donde la convergencia entre aprendizaje experiencial y oportunidad de mercado resulta difícil de ignorar, es el turismo experiencial.
Los números son contundentes. El mercado global de turismo experiencial alcanzó los USD 3.2 billones (trillones en nomenclatura anglosajona) en 2025 y se proyecta a USD 6.1 billones para 2034, con un crecimiento anual del 7,4% (DataIntelo/MarketIntelo, 2025). El turismo de aventura, un segmento dentro de este mercado, fue valuado en USD 464 mil millones en 2025 con una proyección de crecimiento anual del 18,6% hasta 2033, según Grand View Research.
¿Qué está impulsando este crecimiento? Un cambio generacional. Millennials y Gen Z no quieren "visitar lugares": quieren vivir experiencias que los transformen. El 65% de los viajeros ya elige viajes basados en actividades y experiencias por sobre el turismo convencional. Las reservas de viajes experienciales superaron los niveles pre-pandemia en 2023 y desde entonces crecen 2,3 veces más rápido que el turismo tradicional.
¿Y qué tiene que ver esto con la facilitación? Todo.
Porque detrás de cada experiencia transformadora hay (o debería haber) un diseño intencional. Retiros de bienestar, expediciones de aventura, experiencias culturales inmersivas, programas de turismo regenerativo — todos requieren alguien que sepa diseñar la experiencia, facilitar el proceso grupal, y crear las condiciones para que la vivencia se convierta en aprendizaje. Eso es exactamente lo que hace un facilitador APEX.
El turismo experiencial es, para quienes dominamos estas competencias, un campo de aplicación enorme y todavía poco explorado desde nuestra disciplina. La industria turística sabe crear logística y entretenimiento. Lo que no sabe - y necesita cada vez más- es crear transformación. Y ahí está nuestra ventaja competitiva.
Más allá de lo convencional
Algo que siempre recomiendo es poder ver la profesión con una mentalidad "out of the box". Para quienes amamos la facilitación por el impacto que produce en la vida de las personas, hay campos de aplicación de un potencial enorme y poco explorados si nos animamos a mirar más allá de lo convencional.
Y esto no es solo intuición. La Association for Experiential Education (AEE), a través de su Journal of Experiential Education — la publicación peer-reviewed más importante de la disciplina —, documenta aplicaciones exitosas en contextos educativos, terapéuticos, comunitarios y outdoor. Su Therapeutic Adventure Professional Group (TAPG) certifica profesionales en terapia de aventura. El mercado de plataformas de aprendizaje inmersivo crece a un ritmo del 13,5% anual, proyectándose de USD 4.880 millones en 2026 a USD 15.260 millones en 2035, según Business Research Insights.
Experiencias para familias ensambladas, para parejas en crisis, para jóvenes en busca de un rumbo en la vida, para mujeres emprendedoras, para comunidades que necesitan reconstruir su tejido social — todas ofrecen oportunidades de desarrollo extraordinarias y sin las restricciones del mundo corporativo.
El facilitador que entienda que su competencia trasciende la sala de reuniones, va a encontrar un universo de posibilidades donde su expertise es escasa y la demanda es creciente.
La IA como asistente, no como reemplazo
El informe de SessionLab revela un patrón claro en cómo los facilitadores usan la IA:
85,8% la usa para preparar sesiones (investigar temas, generar ideas, armar borradores de agenda)
42,2% para actividades post-taller (transcribir, resumir, reportar)
Solo el 19,6% la usa durante la facilitación misma
Esto tiene sentido. La IA es extraordinariamente buena en las tareas que rodean a la facilitación, pero todavía no puede hacer lo que hace un facilitador presente en un grupo: leer la energía del grupo, detectar resistencias no verbalizadas, decidir en tiempo real si seguir el plan o soltar el control.
Un dato que me llamó la atención: uno de los errores más comunes que reportan los facilitadores es pedirle a la IA que "diseñe mi programa completo". El resultado, en palabras del informe, es "en el mejor caso, poco inspirado; en el peor, completamente equivocado". La recomendación de los expertos es trabajar con micro-tareas: no le pidas a la IA que diseñe tu taller, pedile que evalúe la claridad de una consigna específica, o que te sugiera tres variaciones de una pregunta de cierre. Una IA que sea capaz de entregarte un diseño experiencial completo y efectivo, requiere un trabajo de desarrollo serio y profundo, con entrenamiento experto y bases de conocimiento sólidas. Nada de esto se resuelve en un prompt, por más contexto que le entregues.
La pregunta que no cambia
Cada avance tecnológico en el campo de la inteligencia artificial trae la misma pregunta: ¿la IA va a reemplazar al facilitador?
La respuesta, según los datos — tanto los corporativos como los de educación, terapia, deporte y turismo —, es clara: no. Pero va a redefinir qué parte del trabajo es del facilitador y qué parte es de la tecnología.
Los facilitadores que prosperen en los próximos años no van a ser los que ignoren la IA, ni los que la usen para todo. Van a ser los que sepan exactamente dónde termina la capacidad de la máquina y empieza la capacidad humana de generar aprendizaje real en un grupo.
Y van a ser los que miren más allá del mundo corporativo, hacia los campos donde la demanda de experiencias transformadoras crece exponencialmente y la oferta profesional calificada todavía es escasa.
Esa frontera es la que llevo más de 25 años explorando. Y es la que te invito a explorar conmigo.
Walter Lema — Director de la Asociación Internacional de Aprendizaje Experiencial (AIAE).
Fuentes: State of Facilitation 2025 y 2026 (SessionLab); The Integration of Career Readiness into Experiential Learning (NACE, 2025); Meta-análisis nature-based programs (Journal of Environmental Psychology, 2026); Effectiveness of Adventure Therapy in Anxiety-Related Disorders (McLain, Journal of Counseling & Development, 2025); 2026 Higher Education Trends (Deloitte); Experiential Travel Market Report 2034 (MarketIntelo/DataIntelo); Adventure Tourism Market Report 2026-2033 (Grand View Research); Immersive Learning Platform Market (Business Research Insights); Journal of Experiential Education (AEE).










Gracias Walter, buen tema para reflexionar la IA cada vez se hace más fuerte, pero también nos brinda la oportunidad de conocer que hay cosas que siguen siendo competencia exclusiva del Ser Humano. Que quede claro que la IA es una muy buena herramienta de apoyo que hay que saber aprovechar sin entregarle el poder de la toma de decisiones.
Gracias Wakter, como simpre muy interesante va muy acorde con mis planes de aplicación del APEX, seguimos en espera del seguimiento para un segundo encuentro. Tal vez especializaciones en campos especificos, sería muy buena experiencia compartir con otros colegas.
MUY BUENA INFORMACION
Claro y específico en la descripción del tema.
Gracias por la información.
Muy buena nota, me hizo pensar, reflexionar en lo que estoy haciendo y me inspiro para hacer cambios, GRACIAS !!!